El ser humano es el espejo del universo. Somos microcosmos y macrocosmos. El desarrollo de un universo es como el de los demás. El niño salta sobre el trampolín, que es arrastrado nuevamente hacia abajo por la gravedad, tiene su contraparte en la humanidad a través de su relación con la vida y la muerte. Nacemos y al tiempo nuevamente somos arrastrados a la muerte. Podemos retrasar la muerte, pero ella siempre nos alcanzará. La muerte es la gravedad del microcosmos.
Para evitar el colapso del universo, debemos primero y principalmente ver que nosotros mismos evitemos la muerte. La muerte, en sí misma, no es peligrosa, ¡pero si es olvido! Todo el conocimiento que un humano reúne durante su vida desaparece (al inconsciente) cuando este humano muere. El renacer sólo trae de nuevo una memoria vaga de lo que un día fue en el consciente. Nosotros debemos educarnos desde el comienzo otra vez. Todo debe ser aprendido desde el comienzo.
Cuando el universo muere, el pensamiento de Tuisto se congela. Todo lo que existió en la vida pasada debe ser creado y fundado nuevamente. Ese también es el caso con los seres humanos. El niño que desea volar en la metáfora del trampolín, es igual al ser humano que nunca desea olvidar (nunca morir). No era a la muerte a lo que los viejos (que buscaron inmortalidad) hechiceros temían, pero si al olvido.
Con la sexta raza, debemos buscar anular el efecto del nacer y el morir. Buscaremos desarrollar la humanidad y la tecnología que avanzará lo suficiente para transferir las experiencias humanas a la próxima vida. Viviremos en un nuevo cuerpo, pero nuestro consiente será el mismo. En otras palabras, su ego será idéntico; únicamente el cuerpo es nuevo. Todo el conocimiento, todas las experiencias y todos los sentidos serán los mismos. Esa es la inmortalidad de nuestra conciencia personal. La inmortalidad física será entonces buscada.
El mantenimiento de la higiene de la gente es absolutamente necesario, porque los defectos en el DNA del cuerpo deben ser mínimos. Todos los desacuerdos y las contradicciones, las cuales existen en los cuerpos que contienen sangre de múltiples razas, son muy peligrosos en ese contexto. Eso es como la mecánica; la más preciosa maquinaria, la menor falla en la maquinaria puede ser tolerada. Así, podríamos rendir culto a la inteligencia, la fuerza (física y espiritual), limpieza y belleza (¡lo externo refleja lo interno!) del ser humano; eso es estar cerca de la perfección. Con el derogamiento del olvido por la muerte y la introducción a la inmortalidad física, nacerá la séptima raza – la raza astral. El proceso hacia esas dos metas son el sexto nivel del desarrollo de la humanidad: la raza solar.
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